Una carpa blanca se ubica en el centro. La carpa está preparada para recibir aproximadamente 120 personas, a juzgar por la cantidad de sillas plásticas. El espacio es amplio y cuenta con una segura estructura de metal. Varios parlantes y luces de colores esperan a los invitados. Son las 14:45 horas. La temperatura es agradable. Voces, pasos y correteadas se escuchan. El ruido se oye cada vez más cerca. Alumnos de escuela primaria ingresan a la carpa guiados por sus maestras. También padres con niños y bebés acuden a la cita.
Entra un nuevo grupo de alumnos, pero sólo la mitad consigue asiento. El resto se ubica en el suelo al frente de las sillas. “No se puede comer acá”, dice la maestra al grupo del piso. Mientras tanto, los grupos sentados en las sillas comen y beben. El silencio invade la sala de a poco. Grandes y chicos esperan que comience Cocinando cuentos, una actividad de narración, poesía, canciones y juegos. Natalia Moya, actriz cordobesa, está a cargo del espectáculo.
Moya se presenta como Teresa, la cocinera
La actriz lleva puesto un sombrero de chef y un delantal con corazones. Una olla y un cucharón son sus herramientas de trabajo. Se muestra alegre y afectiva. Con rimas saluda al público y abre el espectáculo: “me llamo Teresa y me gusta mucho la milanesa, sobre todo con mayonesa”. Los niños la observan atentos. La cocinera invita a los presentes a que participen. Sacudirse de las malas vibras es lo primero que propone. Padres, hijos, maestras y alumnos se suman a la actividad. Todos sacuden sus manos con energía mientras exhalan.
Las canciones y los juegos comienzan
Con su cucharón la cocinera revuelve dentro de la olla. Obtiene distintos cuentos en forma de canción mediante esa mezcla. Propone que aplausos simples y cruzados, entre otros gestos, formen un código para que todos participen. Estas señas sustituyen a las palabras de las canciones.
El gran tamaño de la boca de hipopótamos y cocodrilos tiene explicación. Teresa cuenta el porqué en el primer cuento cantado. Los dos animales se habrían convidado sandwiches uno al otro. El tamaño de los aperitivos fue aumentando de a poco. Por eso debieron abrir más y más grandes sus fauces.
Teresa vuelve a revolver en su olla. La conocida canción del Gallo Pinto es el siguiente relato. Distintos gestos representan ciertos fragmentos de la letra. Se omite una parte de la canción que debe ser reemplazada con el gesto correspondiente. Los niños, entusiasmados, pronto memorizan el código para participar de las narraciones. Sus padres y las maestras los acompañan en todo momento, cocinando cuentos juntos.
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