sábado, 3 de noviembre de 2012

Crónica de los hijos de exiliados

 Por Mariela Junco



Eran cerca de las 7 de la tarde. A lo largo de todo el pasaje Santa Catalina, se encontraba la presencia  de una emotiva muestra fotográfica titulada: “El deseo urgente de América Latina”. El motivo de esta muestra fue acercarnos a las necesidades de los menos afortunados. Todo este contexto fotográfico sirvió como una suerte de recepción sensitiva, para ingresar finalmente al edificio del Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba. En este edificio se realizó, con motivo de la Feria del Libro,  la presentación del “Proyecto: Los tiempos del exilio. Proyecto APM”.



La sala en donde se desarrollaron las actividades se encontraba al fondo del edificio, desde fuera era una sala más sin ningún detalle que llame la atención. Pero al ingresar, se puede dar con la grata sorpresa de visualizar los diversos dibujos pintados en las partes inferiores de las paredes.

En el “Proyecto: Los tiempos del exilio. Proyecto APM” se narraron distintas experiencias y anécdotas vividas por los hijos de exiliados. La actividad planteaba como temática “contar el exilio”. Los hijos de exiliados  relataron cómo vivieron lejos del país

Martín fue el primero en relatar su experiencia. Sus padres tuvieron que huir del país durante la época de dictadura. Al poco tiempo, Martín nació en Perú. Pero cuando cumplió su primer año de edad, sus padres se trasladaron a Suecia. Y luego con la llegada del gobierno democrático,  Martín regresó a la Argentina. Este joven, al igual que los demás hijos de exiliados, planteó la problemática de la “identidad”.  Según los peruanos, Martín es considerado como ciudadano del país, pero de todas formas lo reconocen como sueco. Los suecos por la nacionalidad de sus padres lo consideran argentino. Y  los argentinos, porque nació en Perú lo consideran peruano. Esto le incitó la sensación de no pertenecer a ningún lado. Esta sensación fue central en los relatos de los demás jóvenes panelistas.

Los otros jóvenes agregaron como anécdota sus experiencias sensoriales. Estas experiencias representaban para cada uno de ellos un puente hacia las costumbres argentinas. Para estos hijos de exiliados, el olor y el sabor del dulce de leche y la leche condensada representaban todo un imaginario del país. Al igual que la experiencia táctil de las cartas, que llegaban de Argentina.
El diálogo se configuró como núcleo en la narración de cada uno de los hijos de exiliados. Y a partir de él, se reconstruyeron las experiencias, vivencias y memorias del exilio. Este espacio dialógico permitió la aparición de una nueva voz: la de los hijos de exiliados.
                                                                                                           

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